El exilio
De su herida manaba una cantidad de sangre alarmante, y aunque en un estado normal, con sólo mirarla habría conseguido cerrarla sin mucho esfuerzo, la batalla con Emilin lo había debilitado demasiado. Para salvar su vida, había que tenido que huir y se dirigía a buen paso hacia su abadía, dónde se curaría las heridas y se preparía para acabar de una vez por todas con ese malvado. Ésta se encontraba en un valle profundo, ilocalizable e imposible de colocar en un mapa, sólo los que vestían la túnica blanca sabían su localización exacta y como encontrarla.
La abadía de los blancos construida en honor a la luz, estaba dirigida por la Gran Maestre de la orden, Chus, gran dirigente y mandona sin remedio.
Weno, ya volvimos de tierras sajonas, algo memorable sin duda. Espero que lo hayais pasado bien porque yo me lo he pasado genial.
Cómo casi no veré un puñetero ordenador en Valle profundo aprovecho para despedirme y desearos un buen verano, y avisaros que es probable que no os vea hasta octubre.
Por cierto enviaré a aquellos que tenga la dirección el CD de las fotos, y a los que no ya os lo daré no os preocupeis.
Asi pues, muchos besitos para todos y cuidaros mucho y recordar que mientras luzca el sol yo estaré vigilante, asi qué portaros bien!!!!.
La luna en lo alto parecía que sonreía al visitante, desde la colina el monje pudo ver la reluciente abadía y suspiró. Miró hacia el cielo y observó como las estrellas en un acto de rebeldía componían 6 caras que le sonreían. Bajando la cabeza se encaminó hacia el valle mientras bajo su capucha sus labios formaban una ligera sonrisa de agradecimiento.

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