A escondidas...
Era ya tarde y todo el mundo se había ido ya al gran salón para despedirse de la gente antes de acostarse. El guardia miraba con deseo las luces que desde su esquina de observacíon se veían del salón. Esto supuso una distración suficiente para que una sombra pasara de forma inadvertida y se colara en el Gran Laboratorio. Una vez más, felicitandose por su brillante plan el monje se acercó y pronunció algunas palabras que evitaron que las defensas del laboratorio le detectaran. Se sentó en un sillón, y sacó a escondidas su viejo palantir y miro en sus profundides:
Weno ahora que todo el mundo se esta tomando el café yo aprovecho para escribir. Yo por aqui bastante aburrido para que voy a mentir,y también un poco harto de cierta antigua de mi orden a la que tengo el gusto de llamar mama, pero en fin.
En el laboratorio bastante bien, ya controlo la legionela y se sembrar aerobios con unas máquinas que no sabían ni que existían (no os podeis imaginar lo retrasada que esta la universidad en este punto).
Y como bien ha dicho Mawak van a tener el gusto de que el sumo embajador vaya a hacerles una visita, aunque todavía no es seguro pues hay ciertos problemas familiares, que ya os comentaré.
Os dejo que empieza la gente a bajar.
Unos pasos sacaron al blanco de su trance, mierda -pensó- no me acordaba de la guardia. Recogió la esfera y reactivó las alarmas. Cuando ya pensaba estar fuera del alcance de todo el mundo tropezó y cayo de bruces haciendo un gran ruido, cuando miró con lo que había tropezado observó como un gato verdoso lo miraba con cara divertida, maldito gato -se dijo y empezó a formular el hechizo de bola de fuego, el cual murió en sus labios cuando la guardia iluminandole con una linterna pidió que se identificará. El monje suspiró...

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