El retorno del.... Mago
Una nube oscura tapó a la pequeña luna que brillaba debilmente en el cielo, un pequeño encapuchado paso velozmente el patio de la abadía y se interno en los aposentos privados de los monjes. Pasaba velozmente por pasillos y puertas entreabiertas sin fijarse en nada y sin hacer el mínimo ruido. De repente el encapuchado se paró delante de la puerta deseada y levantando la mano, abrió la puerta sin hacer ruido. La tenue luz del pasillo iluminó una figura yaciente enrollada en sabanas, qué dormitaba sobre un viejo camastro. El encapuchado sonrío y sin saber muy bien de dónde un puñal apareció en su mano y apuñalo una, otra y otra vez al bulto de la cama.
En este movimiento frenético su negra capucha cayó sobre sus hombros y la cara de una niña con ojos desorbitados asomó entre las sombras de la habitación. Su cara mostraba un sadismo sin igual, que fue cambiando en sorpresa, cuando comprobó el puñal y vió qué no estaba manchado de sangre.
-Mmm veamos lo que tienes ahí- dijo una voz a sus espaldas. La niña se giró y vió una figura humana tapada con una túnica blanca. Al intentar huir notó como sus piernas no le respondían y la dejaban quieta en el sitio. La daga que estaba en su mano voló hasta la palma extendida del mago, que la examino con cuidado.
-Vaya, vaya, un puñal hecho con cintas beta unidas con giros gamma, algo único sin duda y por supuesto una arma mortífera contra cualquier blanco.
El mago miró la daga con fuerza y un brillo blanco apareció rodeando el negro filo de la daga, que trás unos instante estalló en mil pedazos.
Ahora el mago desvío la mirada hacia la niña y rozó con su pulgar su frente, ésta estalló en un grito agónico de dolor al contacto.
El mago entonces suspiró y quitandose la capa envolvió a la niña con ella y la recogió entre sus brazos.
La niña se agitó vilentamente al contacto con la túnica, gritó y babeo una saliva verduzca, hasta que sin previo aviso se calmó de repente y su cara se iluminó con brillo de tranquilidad, poco antes de que expirara el último suspiro.
Solo un ser poseía tanto poder como para controlar a una niña dentro de Valle Profundo, sólo un ser se atrevería a tan siquiera atacar al blanco, Emilin había vuelto.
Depositó el cuerpo de la niña sobre su cama, cogió varios libros y apuntes y se dirigió a las cuadras donde un bello corcel le espera impaciente para iniciar el viaje de regreso, hacia la biblioteca de Thot, dónde se preparía para la batalla.
Mientras se alejaba del valle pudo ver una forma blanca infantil que le despedía antes de ser engullida por una luz plateada.
Pd: Viene a significar que ya he vuelto a la ciudad dorada, por lo menos de momento...

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