La llegada
El monje llego a la ciudad en mitad de un día de mercado, mientras dejaba que su caballo fuera apartando a la bulliciosa gente oyó quedamente la voz de un niño que decia...
-Imposible -se dijo. Alguien recitaba de memoria y a la plena luz del dia el listado de demonios que existian. Tomo el control de las riendas y las dirigió hacia un callejón en la que un niño hablaba sólo. Paró el caballo y se bajo de forma majestuosa, el niño se calló de golpe.
-Dime muchacho ¿quién te ha enseñado esas cosas?- dijo el blanco con un tono rayente en lo infantil.
- A ti que te importa- Contesto el pequeñajo con una cara insultante. El mago furnció el ceño e hizo penetrar a su mente en la debil mente del niño, para descubrir lo que no le querían decir. Cuan grande fué su sorpresa cuando barreras defensivas se crearon en la mente del niño. Automaticamente el mago dejo de su intento, el niño sonrió encantado. Hecho que fastidió bastante al encapuchado que deseo destruir esas barreras debiles barreras y obligarle a mostrarle todo. No obstante se calmó, el niño había levantado barreras de una forma característica de cierto brujo que conocía.
Weno mañana estaré por fin libre para poderos ver asi que si podeis contactar conmigo. Sino no os veré hasta octubre estais avisados jeje.
El mago mostró un pequeño disco solar, señal inequivoca de bienvenida de un blanco y dijo:
- Te importariá darle esto a tu maestro de mi parte.
- Y yo que conseguire?
- Qué te parece esto?- y le mostró un colgante de un halcón de plata. El niño lo cogió con ojos de avaricia y se lo guardó en el bolsillo, mientras se alejaba corriendo hacia el mercado.
El mago se montó en su caballo y se dirigió al trote hacia su blanca torre al final de la ciudad.

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