Yingelbes, yingelbes, la fiesta ya esta aqui! La, la,la Jei
El día había sido demasiado largo, los informes sobre Valle Profundo no eran nada halagüeños, y pronto su superior requeriría de su presencia. El trabajo se le acumulaba encima de la mesa, y para colmo de males un mensajero de Thot había llegado al amanecer, por lo que había tenido que estar toda la mañana de protocolo y demas estupideces.
Mientras miraba desde su sillón como poco a poco se consumía un leño, la puerta de su ventana se abrió y un vendabal helado entró en la habitación revolviendo todos sus apuntes y haciendo que varios libros volaban por los aires. Tras haberse colocado de nuevo su túnica, recogió un libro del suelo y miró de soslayo el título del libro, "Memorias de un buen monje" por Alatheas, con un signo de fastidio en la cara lo dejo caer y cayó de nuevo al suelo (todavía recordaba lo coñazo que había sido leerselo). Luego observó con desagrado la cara del pequeño elemental, qué mediante un signo solicitaba la transmisión mental de un mensaje. El monje permitió el acceso a su mente.
-Angelic!!!!! -bramó.
La pequeña dama, apareció de detrás de un pasadizo que había escondido en la chimenea:
-Si mi Rector
-¿A quién diablos has invitado? A esa bruja del tres al cuarto! A la capa roja! ¿Cómo te atreves?
-Yo mi Rector, no lo sabía la ví en la basura y pensé que se le había caido, yoo
-Tú no tienes ni idea- le decía mientras avanzaba por la sala y se acercaba a la ventana. La frase murió en su boca, cuando al mirar a traves del cristal, observó como un niño con una túnica, avanzaba por su jardín acompañado de una especie de persona pequeña peluda, aplastando todos los brotes de rosas blancas que estaban creciendo, a la sombra de la torre. La cara del blanco en ese momento no tenía palabras, hasta un demonio hubiera temblado ante ella, pegó un taconazo y se desapareció. Cuándo Angelic se acercó a la ventana y observó la escena, bajó corriendo las escaleras.
-Sí ya sé que esta es la torre, mi problema es encontrar al blanco antes de que él nos encuentre a nosotros- le decía el muchacho al pequeño ser.
Mientras sucedía esto el blanco se había colocado delante de ellos y dibujaba en aire el sello arcano del rayo, cuando realizaba el último movimiento y levantaba el brazo, apareció Angelic y se colgó de él evitando que terminará el conjuro.
El muchacho sorprendido, al ver a los blancos realizó una reverencia preparada con antelación, que el monstruito repitió aunque de una manera más tosca.
- Mirad Rector ha realizado, la reverencia de la paz de Ra de una forma perfecta, eso les coloca bajó tu protección y ya nadie podrá tocarlos- dijo Angelic.
El monje le respondió con un gruñido, recordando que ni él podría hacerles daño ahora sino quería verselas con el poder de Ra.
-Mi maestro, le da las gracias por la invitación y confirma su asistencia.
-Esta bien- dijo el blanco- ahora marcharos rápido de aquí.
Y aunque iba a añadir algo más, se detuvo al ver como el enanito saltaba de alegría por haber llevado a buen fín su misión aplantando los pocos brotes que quedaban.
-Bueno, bueno, marcharos, jeje, ya nos veremos- se despidió Angelic mientras arrastraba a su maestro hacia la torre, que había de nuevo empezado a murmurar un hechizo.

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