Bakanae

domingo, octubre 29, 2006

Excursión al monte (Versión 2)

Una semana después, el ave escarlata ya estaba casi seco y bien peinado. En buena hora se le ocurrió salir a buscar setas, con el buen día que ha hecho hoy... Pero era urgente encontrarlas, para la poción que el ermengol necesitaba urgentemente. Si no... no se sabía qué podía pasar con él. Se puede transformar de una forma increíble si no se le da lo que pide. Así que la diosa decidió mandar al ibis con algún ayudante, a que salieran al monte junto al ermengol.

Pues ahora toca mi versión. He de reconocer que esperaba salir peor parada en la de Magus, así que intentaré no meterme mucho con él.
Nosotros queríamos salir a buscar setas, nada más. Y queríamos hacerlo el fin de semana pasado, porque era una buena fecha, nada más. Pero parece que al señor Tiempo Meteorológico no le pareció tan buena idea.
Lo teníamos todo organizado: un montón de cosas para picar, para merendar, tortilla y empanada para comer, melocotón en almíbar de postre... Un par de cestas para cojer setas, navaja, botas, impermeable... Vamos, todo lo necesario. Pero llegamos a Linares, y no paraba de llover. Decidimos seguir hasta otro pueblo por si al menos podíamos hacer turismo. Y a mitad de camino hacia algún sitio, se me ocurrió desviarme a Los Santos. Tienen un parque temático del granito, o algo así. Vamos, las piedras que les sobran, las ponen de pie en plan megalítico y tal. Y allí es donde hacía un viento de impresión. Y allí es también en el único sitio donde pudimos bajar un rato del coche sin mojarnos (al menos al principio). Y allí es donde encontramos setas, de las que Mawak cogió unas pocas que conocía. Y allí es donde el viento hizo que pareciera que yo había roto el paraguas de Magus.
Visto que algo no quería que estuviéramos por allí, nos montamos en mi super coche-rana-sauna, y volvimos a casita. Nos sirvió para experimentar cuánto vapor procedente de nuestra propia transpiración podría aguantar en el interior del coche sin que me impidiera la visibilidad. Para eso fue necesario poner la calefacción, dado que si abría la ventana, se mojaba todo. Y eso fue lo que hizo que Ori se mareara un poco. Porque he de decir que creo que conduzco súper bien. Esta vez no me salí en ninguna curva, Magus no me pudo reprochar nada, e incluso 3 de 4 ocupantes se quedaron dormidos un rato, aunque alguno diga que no...
Gracias a los remos y las agallas de mi cochecillo, pudimos sortear los ríos que cruzaban la carretera y llegar a casa, para disfrutar de toda la comida de campo.

Por fin el pequeño ser tenía lo que quería, aunque no había sido tan fácil ni tan agradable como parecía al principio. Eso le mantendría callado al menos unos días. Hasta que se le ocurriera el siguiente capricho...