La primera prueba
Tres días de camino fueron necesarios para llegar a su destino, el acantilado de Niur´Thaez, se encontraban en un saliente rocoso que daba paso a 50 metros de caída bajo los que las olas golpeaban con furia la pared de roca. Todo estaba listo, el muchacho vestía su mejor túnica, de color azul cielo, ribeteada con hilo de plata, de su cuello colgaba el águila que el Blanco le diera tiempo atrás, a su derecha, Belmawak permanecía con el rostro serio, a su izquierda con claros síntomas de nerviosismo estaba el Ermengol, que recordaba claramente la conversación que el hechicero había mantenido con el Ibis.
- Aun no es el momento
- si por vosotras fuera, nunca llegaría ese momento del que hablas.
- Espera un poco más, por favor...
- No, la decisión esta tomada, acompañanos si quieres, pero recuerda, los dioses no tienen cartas que tomar en este asunto, la magia ha de elegir.
- No seas insolente, ¡acaso no recuerdas con quien estas hablando!
...
-Ha llegado el momento, quieres ser un hechicero, si esa es tu voluntad, camina hacia el abismo y confía en la magia- la palabras fueron dichas sin emoción alguna, no había lugar para los sentimentalismos en aquel momento.
- ¿y si la magia no me acompaña?-la voz del muchacho flaqueo en las últimas palabras.
- Morirás- fue la breve respuesta del hechicero. Eran pocos los hechiceros que había en el mundo, aquella era una de las razones, no todo el mundo era capaz de enfrentarse a la primera prueba, y no todos la pasaban.
El niño respiró hondo varias veces y dio un primer paso hacia el borde del acantilado, se paró, miro al Ermengol, luego al hechicero, ambos permanecieron en silencio, debía enfrentarse solo a su prueba. Volvió a respirar hondo una ultima vez y conteniendo la respiración recorrió con paso firme el espacio que le separaba de su destino.

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