Se avecinan cambios
Una fuerte sacudida despertó de repente al ibis y a todos los habitantes de las ramas vecinas. Enseguida descubrió qué estaba pasando, pero no podía creérselo.
-¿Se puede saber qué estás haciendo? ¿Es que se te han olvidado todos los modales que te enseñé? Ese hechicero... te consiente demasiado!
El Ermengol había conseguido trepar hasta la rama del ibis, y se había puesto a saltar y a zarandearla, hasta conseguir despertar a todo el árbol.
-Lo siento, Señor, pero tengo una noticia urgente... -intentó disculparse con una reverencia ensayada tiempo atrás, mostrando su extraña melena.
- Bien, te escucho, pero hay otras formas de despertar a alguien como yo, y más después de una fiesta. Déjame al menos beber un poco en el estanque. Mejor: vete llendo a la segunda rama izquierda del sauce llorón.
Al ibis le gustaba especialmente aquél árbol para tratar los asuntos importantes, pues las ramas colgantes daban bastante aire de intimidad, y le permitían aislarse de millones de curiosos que se dejaban caer a su alrededor.
- Ayer escuché decir a mi hechicero que le iba a hacer la prueba al niño - espetó el pequeño ser, aún nervioso
- La Prueba de los Hechiceros... vaya, Ella ya había pensado que debía hacerla, pero no imaginamos que fuera tan pronto... -El rojo mantuvo unos segundos de silencio, concentrado en sus cosas- Bueno, no te preocupes. Informaré a la Diosa en cuanto despierte, y lo tendré todo preparado por si el Hechicero decide acudir a Ella. Ya sabes que no podemos hacer nada si él no nos lo pide.
- Pero, pero... es que... parten hoy!!
- Hoy? Qué mosca le ha picado a ése? Siempre con sus decisiones de última hora... un poco de orden y organización es lo que necesita!! Bien, en ese caso, prepararé todo ya mismo. Tú deberías estar allí para cuando despierten, pero te acompañará uno de los colirrojos. Cualquier novedad importante me la harás llegar, él sabe cómo encontrarme siempre.
El Ermengol dio las gracias al ibis con una ronda de sus volteretas, y se marchó dando saltos, seguido de un pajarillo del que sólo se veía una mancha rojiza bajo la cola.

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