Ahí va! Una cosa verde! Voy a tocar teclas
La diosa Thot había estado un poco ausente últimamente. Desde la fiesta celebrada por Magus para la presentación de Angelic no se había vuelto a saber mucho de ella. Salvo los más cercanos, por supuesto. El caso es que había actuado disimuladamente en el caso del demonio aquel, sacando al ibis de allí, no fueran a acusarle a él de la desaparición de la mesa de los dulces.
Unos días después, acudió con el resto del cónclave a las tierras del norte en busca de Alassea, para resolver lo de la reconstrucción de la torre del mago.
Y a la vuelta a la ciudad, el pobre ibis trabajó como hacía tiempo que no trabajaba. Amablemente se ofreció para ayudar a Magus en el transporte de las pertenencias que aún le quedaban a la morada de Mawak. Lo que no podía imaginar es que hubieran sobrevivido tantas cosas, igual le desastre de la torre tenía que haber sido un poco mayor... tres viajes fueron necesarios para transportarlo todo, y eso que estaba cargado hasta arriba, y todos sabemos la gran capacidad que tiene el pequeño ser rojo, aunque no lo aparente.
Actualmente, la diosa se ve obligada a acudir regularmente al hogar del brujo, para evitar males mayores. Ambos tienen mucho trabajo estos días, y quizá debido a ello, están un poco susceptibles. Si por ellos fuera, ni comerían. Pero gracias al trabajo maravilloso de Thot y del recuperado ibis los vecinos aún no se han quejado del mal olor ni de los extraños ruidos. Respecto al comportamiento del brujo y el mago, así como de los niños y el querido ermengol... todo es un poco raro. La gran sabiduría de la diosa le ha permitido ir sacando algunas conclusiones. Algunas ya las ha expresado Magus, aunque hay que decir que se empieza a observar en él cierto comportamiento hipocondriaco y obsesivo.
Pues... hola a todos. Siento no haber escrito en todo este tiempo, pero creo que ya lo dije, no se me ocurria nada mas para colaborar en esa fiesta que se alargaba meses. A cambio, hoy os pongo al día. Y todo lo demás sobre mí ya lo sabéis. Escribiré otra vez dentro de tres semanas por lo menos.
Ay! La paciencia de la diosa es prácticamente tan infinita como su sabiduría, y menos mal. Llamó al ibis y comenzó a repasar todo lo que tenían que dejar preparado antes de su partida a las islas del este: los papeles aquí, los de allá, la medicación de urgencia para la olla a presión a dos manzanas de su jardín, los pajarillos guardianes, las plantas para los guardianes en la misma morada...

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