Bakanae

lunes, mayo 12, 2008

Ibis pupa, ibis enfermito, ibis no se sabe

Todos estaban pendientes del niño, pero solo Ella se dio cuenta de que el pobre ibis no estaba del todo bien. Llevaba unos minutos como ausente; le costaba mantener el equilibrio. Le gustaba mantener siempre limpias y en orden sus plumas, pero no era posible que una simple capa de sal fuera la causante de tales síntomas. Ella se acercó sigilosamente, para no distraer al resto del cónclave ni al pobre niño. Justo cuando llegó al lado del ave, esta se desplomó en sus manos. Estaba caliente y un poco pálida, dentro de lo que cabe en un ibis rojo marinado. Ella lo arropó con cuidado, e intentó reanimarlo. Repasó mentalmente todo lo que conocía sobre primeros auxilios para aves, pero nada funcionó. Consultó un par de manuales que siempre llevaba encima, pero sin resultado. Si ella no sabía lo que le pasaba, ¿quién podría saberlo? Los pajarillos y demás animales que les habían acompañado al acantilado se agolparon alrededor, cada uno intentando ayudar como podían: llevar agua, hacer sombra, mover el aire,... el pobre ibis seguía igual. Parece que no le quedaba otra opción que recurrir a la magia, pero ella no era quizás la persona más adecuada. Tendría que pedir ayuda a alguno de los miembros del Consejo, aunque éste no era el momento más adecuado para andar interrumpiendo...